En un periodo muy corto de tiempo, la penetración anal se ha convertido en una práctica muy habitual en nuestra vida sexual. Una encuesta de mediados de los años noventa señalaba que solo un tercio de la población había probado esta práctica. Sin embargo, veinte años después, los resultados eran muy diferentes: el porcentaje de hombres y mujeres que habían experimentado con la penetración anal llegaba al 45%, casi la mitad de la población.

El tabú del sexo anal

Es decir, en dos décadas, el sexo anal había pasado de ser algo que solo realizaba un pequeño porcentaje de la población a ser una práctica que la mitad de nosotros había probado. Cuando se analizaron estos datos en profundidad, se descubrieron varias cosas interesantes. Al comparar ambas encuestas, la práctica que más había variado era el sexo anal. Prácticas como el sexo oral, la masturbación o el sexo vaginal presentaban cifras muy similares, ya que apenas había variado el número de personas que lo practicaban. En cambio, con el sexo anal había un incremento importante. Los expertos creen que la causa podría estar en la influencia de la pornografía.

Un estudio realizado recientemente descubrió que el 56% de las escenas de sexo que se veían en las películas porno incluían penetración anal, a pesar de que solo un 5% de la población había realizado esta práctica en su última relación sexual. Pero este no era el único dato interesante que se podía encontrar detrás de los datos incluidos en el estudio. Cuando los investigadores decidieron profundizar más sobre cómo y cuándo se realizaba esta práctica, descubrieron que los tabús estaban más arraigados de lo que habían pensado. A pesar de que la práctica del sexo anal se había extendido mucho, un alto porcentaje de la población lo seguía considerando propio de homosexuales o de personas con una sexualidad desviada, en parte por la influencia de la religión. Es decir, buena parte de la gente que la había probado no lo reconocía o pensaba que no era algo correcto.

Pero los prejuicios no estaban únicamente entre la población corriente, sino también en el mundo científico. Apenas existen estudios sobre el sexo anal, y eso dificulta la labor de los educadores y los sexólogos, ya que no pueden responder a las dificultades y las inquietudes que se les plantean. Lo que no sabemos sobre el sexo anal es mucho más amplio que lo que sabemos. Para acabar con algunas de esas lagunas, la universidad de Zagreb decidió iniciar una investigación centrada específicamente en el sexo anal y, sobre todo, en las experiencias de las mujeres durante la penetración. Existen algunos estudios centrados en los hombres, pero hasta el momento no existían investigaciones dedicadas a conocer en profundidad la experiencia de las mujeres que eran penetradas analmente.

Después de entrevistar a más de dos mil mujeres, los investigadores encontraron que la mitad de las encuestadas habían tenido que parar durante su primera experiencia de penetración anal debido al dolor. Un cuarto de las mujeres habían sentido molestias pero habían podido continuar y el otro cuarto no habían sentido ningún tipo de molestias. Teniendo en cuenta que la información sobre el sexo anal es muy escasa, lo cierto es que estos datos no resultan sorprendentes. Una gran mayoría de las encuestadas no había utilizado lubricante, lo que explica que la experiencia haya sido molesta para muchas de ellas.

Además, los prejuicios que existen alrededor del sexo anal también contribuyen a que la experiencia resulte poco placentera, sobre todo la primera vez. Si pensamos que va a ser doloroso, acumulamos tensión e involuntariamente contraemos los músculos del ano. Ello hace que la penetración pueda resultar muy dolorosa, ya que al estar contraídos, el pene o el juguete que utilicemos tiene que forzarlo. En cambio, cuando estamos relajados la penetración es mucho más sencilla, ya que no contraemos los músculos. De ahí la necesidad de estudios que investiguen en profundidad nuestra experiencia con el sexo anal, ya que si no sabemos lo que falla es difícil que podamos solucionarlo. El sexo anal puede ser muy divertido, placentero y excitante, solo tenemos que animarnos a probarlo intentando que no nos afecten los prejuicios.

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