El orgasmo masculino ha sido mucho más estudiado que el femenino. En teoría era mucho más sencillo de investigar, ya que al fin y al cabo los órganos sexuales están a la vista y el proceso de excitación, orgasmo y eyaculación parece mucho más claro. Sin embargo, lo cierto es que las investigaciones más recientes han revelado datos bastante sorprendentes, como que es mucho más parecido al orgasmo femenino de lo que se pensaba y que se trata de un proceso en el que también interviene la parte consciente de nuestro cerebro, no solo la inconsciente, es decir, en él existen factores que lo hacen mucho más complejo que una simple reacción automática.

Fases del orgasmo masculino

Excitación. Cuando el cerebro recibe un estímulo excitante del tipo que sea (una caricia, una imagen o un sonido, por ejemplo), manda la información a los genitales, que comienzan a excitarse. Se incrementa el riego sanguíneo a esa zona, los testículos se elevan y endurecen y el pene comienza a experimentar la erección, aunque todavía de forma leve. En este punto todavía es posible revertir la erección fácilmente, por ejemplo si el estímulo desaparece o si el cerebro manda una orden contraria.

Erección. Si el estímulo continúa, la excitación se hace cada vez más intensa. Los testículos aumentan de tamaño hasta un 50% y la corona del pene se llena de sangre. Además, comienza a segregarse líquido seminal para ayudar a la lubricación. Después de un cierto periodo de tiempo con una excitación continuada, todos los fluidos se concentran y generan una sensación de pesadez en la uretra. Esa es la señal de que el orgasmo y la eyaculación se van a producir de forma inminente.

Eyaculación. En el punto de máximo placer, se producen una serie de contracciones rítmicas en la zona del abdomen que desencadenan la eyaculación. Las contracciones son tan rápidas que los músculos llegan a contraerse ocho veces cada milésima de segundo.

Relajación. Tras la eyaculación, el flujo sanguíneo vuelve a la normalidad y el pene pierde la erección. Los genitales dejan de estar congestionados y vuelven poco a poco a su estado anterior a la fase de excitación. Comienza entonces lo que se conoce como “periodo refractario”, que es el periodo de tiempo en el que no se puede volver a eyacular. Su duración varía mucho dependiendo de factores individuales, pero también de aspectos como la edad o el grado de excitación que hayamos experimentado.

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